EL PARAíSO ES UN LUGAR.




Entonces sentí la cima del amor, 
y si me caí no importa, 
porque todo, todo, todo, todo, todo, 
todo esto es de los dos.

No quiero nada 
que nos haga mal.

Yo creo, yo creo y con eso basta.

Para cruzarlo o para no cruzarlo, ahí está el puente,
en la otra orilla alguien me espera, con un durazno y un país.

Traigo conmigo ofrendas desusadas, 
entre ellas 
un paraguas de ombligo de madera, 
un libro con los pánicos en blanco, 
y una guitarra que no sé abrazar.

Vengo con las mejillas del insomnio, 
los pañuelos del mar y de las paces, 
las tímidas pancartas del dolor, 
las liturgias del beso y de la sombra.

Nunca he traído tantas cosas, nunca he venido con tan poco.
















Ahí está el puente, para cruzarlo o para no cruzarlo, 
yo lo voy a cruzar, sin prevenciones.

En la otra orilla alguien me espera, con un durazno y un país.


Qué vanidad imaginar que puedo darte todo:
el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.

Es cierto que es así: todo lo mío te lo doy
pero todo lo mío no te basta...


¿Por qué Stop?


Por miedo de empezar las fabricaciones, son tan fáciles. Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. 
Total parcial: te quiero. Total general: te amo. 

Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.
Cosa linda me trajo la vida
que no necesito más.


No te rindas.

No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar 
y comenzar de nuevo.
Alcanzar tus sombras, enterrar tus miedos
Liberar el lastre, retomar el vuelo

No te rindas, que la vida es eso
Continuar el viaje, perseguir tus sueños
Destrabar el tiempo
Correr los escombros y destapar el cielo

No te rindas, por favor, no cedas
Aunque el frío queme
Aunque el miedo muerda
Aunque el sol se esconda y se calle el viento

Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto
Porque no hay heridas que no cure el tiempo

Abrir las puertas, quitar los cerrojos
Abandonar las murallas que te protegieron

Vivir la vida y aceptar el reto
Recuperar la risa
Ensayar un canto
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas e intentar de nuevo
Celebrar la vida y retomar los cielos

No te rindas, por favor, no cedas
Porque cada día es un comienzo nuevo
Porque esta es la hora y el mejor momento

Hermana duda.

No tengo a quien rezarle pidiendo luz, ando tanteando el espacio a ciegas.
Soy jardinero de mis dilemas.
No tengo a quien culpar que no sea yo por mi reguero de cabos sueltos.
Lo llevo bien... O, por lo menos, hago el intento. 

Hermana duda...
Pasarán los años, cambiarán las modas, vendrán otras guerras, perderán los mismos.. 
Y ojalá que tú sigas teniéndome a tiro.
Pasarán los discos, subirán las aguas, cambiarán las crisis y pagarán los mismos.
Y ojalá que tú sigas mordiendo mi lengua.

Pero esta noche, hermana duda... 
Dame un respiro, dame una tregua. 





Estoy cansada de llevarme puesta.

Lo repito una y otra vez. Saboreo cada palabra, le pongo énfasis, fuerza. Digo la frase como entrecortada, dejando un espacio entre las palabras como si al final de cada una hubiera un punto seguido. Las digo con bronca, con tristeza, con impotencia, las digo como si cada una fuera una explosión, deseando que toda esa energía junta salga como la lava caliente que hierbe en el volcán hasta que este hace ebullición, queriendo que las cosas salgan a la luz, fluyan, y llegue la calma, ese cansancio de alivio. Por otro lado, no se si estoy poniendo realmente toda mi energía en esta situación, no es que no quiera ni que no intente. Cuando relea esto probablemente me parezca deprimente y patético o piense que la parte grande del rollo la estoy creando yo. Voy a leer y a pensar que no es para tanto, que todo pasa, que no es tan grave, que esta todo bien, que qué exagerada, que si le pongo mala onda se ve peor de lo que es y encima esa misma mala vibra no me va a dejar ponerme en movimiento y hacer algo para cambiar las cosas, que qué repetitiva ya te cansaste hasta a vos misma de este cuento. Pero ahora no me importa, ahora tengo mala onda y la quiero sacar. Un amigo mío me diría que pienso las cosas demasiado. Y es muy probable que tenga razón. No quiero vivir con la cabeza trabada en el mismo tema todo el tiempo, me canso a mi misma, me agoto. Me agoto. De nuevo la frase, una y otra vez.


Estoy


agotada


de 


llevarme 


puesta.

Los formales y el frío.

Quién iba a prever que el amor, ese informal
se dedicara a ellos, tan formales.

Mientras almorzaban por primera vez
ella muy lenta y él no tanto
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa, la de ella, era como un augurio o una fábula
su mirada, la de él, tomaba nota de cómo eran sus ojos
los de ella
pero sus palabras, las de él
no se enteraban de esa dulce encuesta.


Como siempre o como casi siempre
la política condujo a la cultura
así que, por la noche, concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un boliche.


Y ya que el mozo demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo, por favor.
Cuando llegaron a su casa, la de ella
ya el frío estaba en sus labios, los de él
de modo que ella, fábula y augurio
le dio refugio y café instantáneos.


Una hora apenas de biografías y nostalgias
hasta que, al fin, sobrevino un silencio
como se sabe, en estos casos es bravo 
decir algo que realmente no sobre.

Él probó sólo falta que me quede a dormir
y ella probó por qué no te quedas
y él no me lo digas dos veces
y ella bueno por qué no te quedas
de manera que él se quedó en principio
a besar sin usura sus pies fríos, los de ella
después, ella besó sus labios, los de él
que, a esa altura, ya no estaban tan fríos
y sucesivamente así
mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron. 


Mario Benedetti.